MENSAJE DEL HONORABLE WILLIAM MIRANDA MARÍN, ALCALDE DEL MUNICIPIO AUTÓNOMO DE CAGUAS, CON MOTIVO DEL CÓCTEL DE LA ORGANIZACIÓN SOMOS PAÍS, A CELEBRARSE EL MIÉRCOLES, 16 DE SEPTIEMBRE DE 2009, EN CAGUAS, PUERTO RICO


Queridas y queridos compatriotas:

Muy buenas noches. Quiero agradecer la amable petición de mis colegas miembros de la Junta de Directores de SOMOS PAÍS para dirigirme a ustedes en esta importante actividad. Y a todas y todos ustedes, quiero expresarles mi profunda gratitud por apoyar, con su presencia esta iniciativa de educación ciudadana tan necesaria para el Puerto Rico de nuestros días. Un Puerto Rico lleno de retos que debemos enfrentar con valentía y con un nuevo, sólido y convincente proyecto de País.

Digo nuevo, mis queridos compatriotas, porque hoy enfrentamos un mundo totalmente distinto. El Puerto Rico de 2009 no es el de finales del siglo XIX ni el de la década del treinta del siglo pasado. Tampoco es el de los años cincuenta. Los desafíos que hoy tenemos ante nosotros son distintos y tenemos, como organización educativa sin fines de lucro, una oportunidad de ser instrumento al servicio de la Patria. Pero no podemos pretender ser un instrumento al servicio de nuestra Patria con respuestas y soluciones útiles y pertinentes en el siglo pasado. Tenemos la obligación moral y el deber patriótico de construir respuestas valientes y adecuadas a la realidad de 2009, y responder así al llamado de la Patria que está en peligro.

¿Cuáles son algunos de esos grandes y complicados retos que el mundo contemporáneo nos pone de frente y que nos obligan a construir un nuevo proyecto de País?

Vivimos en un mundo de apertura de mercados, de acuerdos de integración regional y global, y de mucha dispersión de los procesos de producción y actividad económica.

Vivimos en un mundo en el que la tecnología, esa que nos permite comunicarnos y colaborar, es el motor principal de la economía. Un mundo donde el intelecto, ese que nos permite producir nuevos conocimientos, tiene más importancia y valor que otras materias primas.

Vivimos en un mundo en el que Estados Unidos pierde centralidad como principal y única potencia económica global, pasándoles el protagonismo a los países de la región de Asia y el Pacífico, que se convierten en el nuevo centro de gravedad económico. Más aún, un mundo al que ingresa, por primera vez con mucho empuje económico, la gran mayoría de la humanidad que vive en la zona del sudeste asiático.

Vivimos en un mundo en el que el problema no es la falta de información sino su exceso, lo que nos obliga a discernir cuáles son las fuentes confiables de información que nos servirán para construir nuestros juicios y producir nuevos conocimientos.

Vivimos en un mundo en el que mientras para algunos las nuevas tecnologías y el trabajo en red a través de la Internet y las redes sociales es tan cotidiano como lavarse los dientes, todavía más de la mitad de la población del planeta jamás ha utilizado un teléfono. Un mundo en el que en la isla de Manhattan, en Nueva York, hay más líneas telefónicas que en todo el continente africano.

Vivimos en un mundo en el que el calentamiento global, fruto de las malas prácticas de nuestras generaciones, requerirá de acciones decididas para el rescate y protección del ambiente. Un mundo en el que también hace falta voluntad política e innovación para movernos con determinación al uso de fuentes alternas de energía, reduciendo así nuestra dependencia en los llamados combustibles fósiles.

Vivimos en un mundo en el que debemos cambiar de manera dramática nuestra forma de pensar. En el siglo pasado aprendimos a competir, a sospechar, a encerrarnos, en fin, a protegernos de los demás, a los que la realidad política nos enseñaba a ver siempre como enemigos. Hoy debemos aprender a colaborar, a confiar, a abrirnos al mundo, en fin, a tender puentes viendo a los demás como potenciales aliados con los que es posible, respetando las diferencias que siempre existen, construir proyectos en común.

Vivimos en un mundo en el que ya no existirán las seguridades que daban las permanencias en el empleo y donde la formación que conseguíamos en la universidad era suficiente para prepararnos para toda nuestra vida profesional. Los estudios recientes nos confirman que cuando nuestros universitarios de hoy inicien sus respectivas carreras, éstas seguramente los llevarán a trabajar en más de siete organizaciones distintas y en por lo menos tres países diferentes a lo largo de su vida. Ello nos obliga a prepararnos para convivir con la incertidumbre, el movimiento, los cambios y las posibilidades. Ello nos obliga a saber que la formación nunca termina, y que cada día habrá que estudiar y aprender cosas nuevas.

Vivimos en un mundo en el que la brecha entre los ricos y los pobres se agranda, y sigue siendo imprescindible buscar formas de aumentar la solidaridad y la justicia, pero hacerlo sin generar dependencias dañinas sino fomentando la autogestión y la autosuficiencia.

Vivimos en un mundo en el que la población mundial estará cada vez más envejecida y a nuestros jóvenes les tocará enfrentar el gran reto de producir para ellos y sus descendientes, pero también para mantener y proteger la salud y el bienestar de las generaciones que les precedieron.

Vivimos en un mundo en el que aumentan por todos lados los riesgos a la seguridad, los fundamentalismos y los terrorismos de todo tipo. Un mundo en el que algunos pronostican que las guerras no serán por el control del petróleo sino por el control de un recurso más básico e importante que extrañamente nos amenaza con escasear: el agua.

Vivimos en un mundo en el que tendremos que aprender, con dolor, a gastar menos, a consumir lo necesario y a gastar no por encima de nuestras posibilidades sino de acuerdo a ellas. Un mundo en el que el ahorro será imprescindible y la disciplina en el manejo del dinero será vital.

Vivimos en un mundo en el que el éxito económico de los países dependerá, ante todo, de sus capacidades para conectarse y colaborar con los demás países y mercados del planeta, y del talento de sus hijas e hijos para producir nuevos conocimientos que transformen los procesos productivos y estén creando innovaciones, cosas nuevas, cada día. Un mundo en el que no habrá ni protecciones que nos permitan recostarnos ni fórmulas mágicas muy duraderas. Por el contrario, se trata de un mundo en el que el éxito estará en nuestra capacidad para inventarnos y reinventarnos continuamente y sin miedo.

Queridos compatriotas: Puerto Rico vive un momento de su historia en el que resulta necesario que comencemos a llamar a las cosas por su nombre. Que reconozcamos que la constitución de 1952 nos otorgó únicamente una soberanía limitada para el manejo de nuestros asuntos internos. Que aún esa soberanía, al igual que ha ocurrido con los cincuenta estados federados, ha ido disminuyéndose ante el empuje del gobierno federal de ocupar cada vez más los campos de autoridad reservados a éstos y no siempre alineado con los mejores intereses locales.

Así las cosas, he estado abogando, como saben, porque enfrentemos el hecho de que ese arreglo político conforme al cual seguimos siendo un territorio no incorporado de Estados Unidos, no sólo fue un engaño como lo han dicho representantes de nuestro socio, sino que no le sirve bien al presente y futuro de la nación puertorriqueña y que urge enmendarlo conforme al derecho internacional.

Todo esto demanda que como pueblo iniciemos un proceso valiente de reflexión interna y negociación con los Estados Unidos de América para asegurar que nos movemos a una situación política de dignidad y soberanía plenas. Dicha situación, no tiene que darse en una relación adversativa con Estados Unidos. Por el contrario, se trata de confrontarnos y confrontarles con las consecuencias de un arreglo político insuficiente y deficitario, que es imperativo reformular. La ética y la visión que el liderazgo del presidente Barack Obama le da a la cultura política norteamericana, hacen que éste sea un momento muy bueno para emprender este diálogo.

Pienso, que de la misma manera que el Presidente Obama se expresó recientemente en la Cumbre de las Américas, al referirse a todos los países de nuestro hemisferio, diciendo que quería promover una relación entre iguales, nosotros, al ser uno de estos países, tenemos el derecho natural de solicitarle que Puerto Rico también quiere ser –y debe ser– incluido en esa relación entre iguales.

Y es que si SOMOS PAÍS –como sin lugar a dudas lo somos- no debemos tener miedo a reclamar esos derechos como pueblo. Reclamos que parten del hecho de que el proyecto soberanista puertorriqueño es uno inconcluso y que nos urge trascender nuestra condición colonial por la vía del fortalecimiento –y la transformación– del actual Estado Libre Asociado. Una evolución, más que un desarrollo, que nos permita abrirnos al mundo con un proyecto de país e incorporarnos como nación soberana asociada no sólo con los países democráticos de nuestro hemisferio, sino con otros países democráticos del mundo entero.

Para lograr esto, el modelo político actual del ELA, sin las evoluciones necesarias, no puede ser nuestra plataforma. Urge que los puertorriqueños hagamos nuestra la máxima hostosiana de que “sólo seremos libres cuando matemos al dios del miedo.” No podemos seguir dejándonos atrapar por el chantaje estadista de infundir miedo a la soberanía política. Es hora de hablarle a nuestro pueblo con claridad y transparencia. Es hora de dejar atrás el miedo y actuar con arrojo.

Como lo exigen los signos de los tiempos, necesitamos un modelo político que supere lo que Rafael Hernández Colón ha denominado nuestro “déficit democrático” y resucite nuestro espíritu de pueblo trabajador. Sólo con una sólida cultura de trabajo lograremos una entrada efectiva y protagónica en el tablero geoeconómico mundial. No tengo dudas de que las puertorriqueñas y los puertorriqueños, como lo hemos demostrado una y otra vez en tantas instancias de la vida, lo podemos lograr.

En esta noche, queridos compatriotas, los exhorto a ser valientes y ser parte de este esfuerzo de construir un nuevo proyecto de País. Abracemos la soberanía política con un proyecto de país esperanzador y con una gestión educativa de importancia. Aspiremos a una relación de igualdad con el pueblo estadounidense y trascendamos la trampa miope de esa bilateralidad desigual. Sobre la base de una relación entre iguales, nos abriremos al mundo, estrecharemos lazos con la América Latina a la que sin duda pertenecemos, y fortaleceremos nuestra actividad económica, científica y cultural como parte de un poderoso hemisferio de 900 millones de habitantes. Es la única forma de afirmar con la frente en alto que SOMOS PAÍS.

La historia nos demuestra una y otra vez que los grandes retos son conquistados por mujeres y hombres con arrojo, valentía, voluntad y determinación. También nos demuestra que las batallas nunca se ganan desde la defensiva, sino actuando. Estoy convencido de que tenemos suficientes mujeres y hombres valientes en nuestro pueblo para conquistar nuestra nueva frontera política: la soberanía. ¡Yo estoy entre ese grupo, como lo están todos ustedes! Les invito a que caminemos sin miedo, convoquemos a nuestras hermanas y hermanos a través de este esfuerzo educativo y le reafirmemos al mundo entero que SOMOS PAÍS.

¡Muchas gracias y buenas noches!